La provincia de Mendoza nos saludó con rocas de colores rojos y amarillos. El cielo, enorme y profundo. Bajamos por un cañón rocoso, los Andes cubiertos de nieve al occidente y, al final del cañón, planicie. Habíamos llegado a tierra de viñedos.

El pueblo de San Rafael parece encantador. Todo el mundo estaba afuera. Era domingo cuando pasamos, y vimos muchos grupos haciendo asados al lado de la carretera y siempre bajo un árbol. Le dimos $10 (menos de un dólar) a un malabarista de semáforo que estaba jugando con fuego. “Buen viaje, chicos!”, nos dijo sonriente cuando vio la placa. Estos argentinos queridos, esa espontaneidad, ese acento. Me encanta que en todas partes nos llaman chicos. Y me encanta, sobre todo, que tienen el virus de viajar, como yo. Cuando les contamos que llevamos casi un año en ruta, nos miran sin sorpresa y con una sonrisa.

Pasamos la noche en una estación de gasolina junto a 200 camiones que estaban esperando que abrieran el paso Los Libertadores entre Argentina y Chile. Llevaba 15 días cerrado. Queríamos visitar el Puente del Inca y el mirador del Aconcagua, la montaña más alta de América. Cuando llegamos a Uspallata, un pueblito en las montañas, nos dijeron que necesitábamos cadenas para las llantas. No teníamos. Había un poquito de nieve en el suelo, pero la carretera estaba limpia… Nos devolvimos, pero no sin antes parar a caminar por el viejo ferrocarril.

Foto: Nate

Foto: Nate

Los dos adolescentes de Tangletown 4 cumplen años en junio. Ambos pidieron lo mismo: dormir en un hotelito e tener internet. Amelia también quería estar en una ciudad con librerías y almacenes de antigüedades. Llegamos a Mendoza, el lugar elegido para celebrar, un día antes de lo planeado. Dormimos en un parqueadero cubierto, o playa (“plasha”), como le dicen aquí. A tres de nosotros nos gusta dormir en playas. Se siente como escurridizo. La ciudad pasa y mira los carros parqueados y no se imagina que adentro de la camioneta blanca estamos cocinando y hablando de historia y ciencias (temas preferidos en Cosmo). Después de comer, salimos a ver la ciudad. Paramos en librerías en cada esquina, fuimos a las plazas y a un cafecito a tomar cerveza y submarinos (leche caliente con una barra de chocolate sumergida).

Mendoza nos sorprendió. Nosotros no somos “gente de vino” y la cultura vinícola como que no. Mendoza nos pareció una ciudad que tiene mucho más que vino. Nos gustó. Amelia durmió en hostal, comió crepe como es tradición y se metió en Instagram y en Once Upon a Time hasta después de cumplir 12.

Estos días de internet son intensos. Todos queremos saludar a la mayor cantidad de gente, revisar cosas del viaje y leer noticias. Leer noticias. Entonces nos damos cuenta de que todavía estamos en este mundo, cerca de Orlando, cerca de la gente que vive en las calles de Seattle. Y tan lejos de todo eso.

Salimos de Mendoza hacia la provincia de Tucumán, el paisaje absolutamente plano. El horizonte se veía de izquierda a derecha sin interrupción. Cerca de San Juan, el piso estaba cubierto de sal. Y de pronto, el desierto. Tuvimos luna llena, lunita tucumana.

La ruta hacia el parque nacional Talampaya me pareció espectacular, estrecha, con un túnel rocoso y un fondo pintado de montañas rojas.

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Montañas multicolores a todo nuestro alrededor. Photo: Benjamín

Llegamos a Talampaya al anochecer. El lugar para acampar era realmente el parqueadero del parque. Nos despertaron buses de turismo de dos pisos y decenas de carros. La entrada valía casi $10 dólares por persona y sólo nos permitía llegar hasta el portón del parque para tomar una foto. Para conocer el parque, había que comprar un tour de $20 dólares por persona. Más bien salimos hacia otro parque cercano, el Ischigualasto, sólo para darnos cuenta de que “explorar” el parque consistía en una caravana de 10 ó 15 carros, 40 kilómetros parando aquí y allá, donde dijera el guía, por la módica suma de $13 dólares por persona. En este viaje he reafirmado mi agradecimiento por los parques nacionales de EE.UU. y de Colombia. También me he convencido de que hay que cuidar el turismo antes de que se convierta en este turismo comercial descontrolado que hemos visto en algunos lugares.

Antes de salir de esta tierra hermosa, paramos a hacer una de las cosas que más nos gusta: escalar rocas. Ven a Benjamín? Foto: Nate

Antes de salir de esta tierra hermosa, paramos a hacer una de las cosas que más nos gusta: escalar rocas. Ven a Benjamín? Foto: Nate

El solsticio de invierno estuvo nublado. Lo pasamos en un lugar que hemos aprendido a querer: un campamento municipal. Argentina y sus viajeros, les digo. No sé de quién fue la idea, de cuál presidente o de qué hijo mochilero de cuál presidente, pero son la mejor idea del mundo: lugares para acampar, con baños públicos, duchas, asadores (que no falten!), agua y tomas eléctricos, en casi todos los pueblos y ciudades de Argentina! Y casi gratis!

Manejamos por una sección espectacular de la Ruta 40, a través del desierto, rocas rojas y cardones, y de nuevo en tierra de incas – la bandera wiphala de las comunidades originarias alzada al lado de la argentina.

Burros! Photo: Nate

Burros! Foto: Nate

Al lado de la carretera encontramos un oasis chiquito sólo para nosotros. Visitamos El Shincal, unas ruinas incas ubicadas entre colinas en un lugar hermoso, y con un museo pequeño y muy interesante. A la salida compramos nueces de nogal cubiertas de azúcar.

Paddling in 'our' little oasis. Photo: V

‘Nuestro’ pequeño oasis. Foto: V

El Shincal de Quimivil, pre-Inca and later Inca city. Photo: Amelia

El Shincal de Quimivil, una pre-Inca y luego  later Inca city. Photo: Amelia

En algún punto cruzamos a la provincia de Salta. En Chilecito, un juez jubilado nos dejó acampar en su casa. Lo conocimos cuando no pudimos encontrar otro lugar y él nos ofreció, un poquito dudoso. Pasamos por el pueblo Los Robles, “Apellido Europeo” decía el letrero de bienvenida, y por el pueblo Salicas, “Apellido de Cacique”. Como raro el saludo de ambos pueblos. Por aquí hay cultivos de maíz al lado de viñedos. Las casas son de tapia y tierra, con techo plano, rodeadas de cercos de palitos y con patios de tierra donde secan pimentones rojos, guardan a sus cabras y cocinan en hornos de arcilla.

Cemeteries fascinate me, and those here are worth a visit. Many have mausoleums and tombs at ground level. They are all decorated with fake colorful flowers. Photo: V

Tengo una fascinación por los cementerios y los de aquí son dignos de conocer. Foto: V

En la carretera se ven altares para la Difunta Correa, una “santa” pagana que dicen murió de sed en el desierto tratando de rescatar al cuerpo de su marido que murió en la guerra. Resulta que la difunta, estando muerta, mantuvo vivo a su bebé porque lo siguió amamantando. La gente le deja botellas de agua. También hay santuarios para el Gauchito Gil, otra figura religiosa a quien veneran con banderas y flores rojas.

One of MANY Difunta Correa altars we saw on the side of the road. Photo: V

Uno de los MUCHOS altares para la Difunta Correa que vimos al lado de la carretera. Foto: V

La entrada a Cafayate fue un paisaje distinto: la tierra y el polvo se acabaron para darle espacio a los viñedos enormes y bodegas lujosas. La salida del pueblo fue igual. Entre Cafayate y Cachi, por una carretera destapada que recorrimos en cuatro horas, vimos de nuevo formaciones rocosas impresionantes y recogimos a una mujer de la región con su hijo enfermo y a cuatro mochileros que acababan de salir a recorrer América. Una era de Medellín. Cachi es un pueblo colonial cubierto de polvo, pero placentero y de gente amable. Entre Cachi y Salta, por los valles calchaquíes, pasamos en tres horas por desierto, puna, el Parque Nacional Los Cardones, la Cuesta del Obispo y selva. Selva!

Los Cardones National Park. Photo: Nate

Parque Nacional Los Cardones. Foto: Nate

Cuesta del Obispo. Foto: Nate

Cuesta del Obispo. Foto: Nate

Llegamos a Salta a celebrar al señor B. Durmió en hostal, comió helado de chocolate y se metió en Steam, Official Nerd Cubed y I Hate Everything hasta después de cumplir 14. Estos días de internet son intensos. Nos vemos cerca de las manifestaciones y los acuerdos de paz en Colombia. Y todavía tan lejos de todo eso.

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Comments
  • alvaroAmparo
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    Después de Mendoza, Tucumán, Salta,Cafayate, Cachi…en fin todos esas deliciosas descripciones de los más diferentes lugares Argentinos: Parques naturales, Campamentos Municipales, desiertos tierras, polvo,,piedras, piedritas, rocas, lagos, laguitos …viñedos, vinos etc. vamos dirigiendo todos los caminos de Tagletown 4, hacia la civilización.!!! Bienvenidos !!!: Brexit, bombas en USA, Europa… en el mundo entero, Procesos de Paz en Locombia, de NO Paz en Venezuela; Brasil… Juegos Olímpicos; Argentina Fútbol, fútbol, fútbol…Messi, Messi, Messi …en Fin:

    !!! BIENVENIDOS A LA CIVILIZACIÖN ¡¡¡

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